ABANDONO DE LA POBLACION ANCIANA

En una conversación algo trascendental con una amiga, dijo una frase que me hizo meditar y reflexionar,

“Hasta para nacer perro hay que tener suerte”

Se trata de una conclusión muy dura pero muy real, que podemos extrapolar también al género humano.

No es lo mismo nacer en el seno familiar de una pareja sita en Sevilla, que en el seno familiar de una pareja sita en un país tercermundista (esta palabra es estremecedora) o en un país en guerra permanente.

No es lo mismo formar parte de una familia donde todos sus miembros gocen de un status social y económico desahogado y donde, sus progenitores (abuelos) con necesidad de cuidados específicos no suponen una carga, que formar parte de un entorno familiar  desestructurado, con dificultades económicas, donde sus progenitores que necesitan atenciones específicas, si suponen una carga en el día a día de los miembros de esa familia.

En este post queremos hacer una exposición lo más objetiva posible, puesto que afecta de lleno en nuestro trabajo, la ayuda a domicilio de personas con dependencia, y valorar todos los factores que intervienen en el cuidado y atención de nuestros mayores.

En estas fechas los medios de comunicación nos invaden con noticias desoladoras de ancianos abandonados, desatendidos y en definitiva solos, que afrontan la estación estival con tristeza y desarraigo.

¿Acaso podemos tratar estas historias de forma generalizada?, o siendo justos, ¿no deberíamos valorar cada caso atendiendo a factores tanto sociales como personales?

 

En casa, con la jubilación, sin obligaciones, sin compañía y sin visitas

 

La soledad se ha demostrado muy perjudicial para la salud de las personas ancianas, tanto desde un punto de vista sentimental o afectivo, hasta físicamente, por el riesgo de caídas o problemas de movilidad. Durante el verano, los familiares, vecinos, comerciantes, o personas cercanas con las que los ancianos tienen contacto de vez en cuando, se van de vacaciones, lo que agudiza aún más la situación de soledad y el abandono en una época especialmente peligrosa por las altas temperaturas.

Esto es una realidad, pero falta información.

Es necesario conocer porque el anciano está solo, todo el año y no solo en verano,  cual es la situación  de su familia o cual ha sido su trayectoria familiar, si durante su vida ha mantenido los vínculos con sus hijos, nietos, hermanos, etc.

También hay que tener en cuenta cómo el ser anciano ha ido variando con el paso de la historia,
y como la vejez puede vivirse de distintas maneras según los valores que imperan en cada sociedad.

¿Cuál ha  sido el papel del anciano en la historia?

 

Durante la Prehistoria a quienes habían llegado a los 30 años se los relacionaba con algún evento divino y sobrenatural. Eran consideradas personas de gran sabiduría, transmisoras de conocimiento, esencial para la supervivencia del grupo.

Los egipcios, describían la vejez como un período de debilidad, disminución de la capacidad visual y auditiva, deterioro progresivo de las capacidades cognitivas y físicas en general. Pese a esto, el papel de la persona de avanzada edad, seguía gozando de un gran prestigio social, y representaba la sabiduría y el ejemplo de los más jóvenes.

En la Grecia antigua es donde se empieza a deteriorar el concepto de vejez. Los griegos fueron los grandes impulsores de la perfección, del culto al cuerpo y la belleza, la vejez y la muerte, por tanto, empiezan a ser temidas y son consideradas un castigo que impone la vida. El anciano es respetado pero el poder de decisión era cosa de la juventud.

Este concepto se mantiene desde la cultura griega, pasando por la hebrea, romana, los primeros años del cristianismo y  la Edad Media hasta llegar al Renacimiento, cuando surge la imprenta y la memoria oral, perteneciente a los mayores, deja de ser imprescindible.

Llegamos al Mundo Moderno, y tras un proceso de transformación del poder político, delegado al pueblo, surge el funcionariado y lo que conocemos hoy en día como la jubilación. El trabajo pasa a ser la característica más valorada entre la sociedad, y el Estado pasa a ser el responsable de compensar los servicios prestados a la comunidad. Es entonces cuando el cuidado de los ancianos que hasta entonces correspondía exclusivamente a la familia, pasa también a ser responsabilidad de los poderes públicos.

Cuidemos a nuestros mayores

Nuestros mayores antes eran fuertes e independientes, pero ahora ya no pueden cuidarse solos. Para ellos tampoco es fácil aceptar que ya no tienen tan buena salud o que su situación ha cambiado y ahora necesitan ayuda.

Es el momento de analizar cada historia, su casuística, su entorno y su estado personal para valorar cuando el anciano vive realmente una situación de abandono por parte de su familia, o si las condiciones de supervivencia de su familia obliga a ésta a delegar sus responsabilidades en instituciones bien sea públicas o privadas.

Por desgracia sabemos que el abandono injustificado existe, por ello creemos muy importante que  la sociedad sea conocedora de que existe un gremio de profesionales especializado en el cuidado de personas dependientes, gestionados por empresas como la nuestra, que facilitan la conciliación familiar, y buscan el bienestar tanto del anciano como el de sus familiares.

También existen organizaciones que ayudan a mejorar la calidad de vida y la autoestima de los ancianos mediante la creación de lazos afectivos con voluntarios y otras personas de edad similar, ofreciéndoles apoyo afectivo, ayuda emocional, compañía y amistad.

Bien es cierto que descartada la cuestión del abandono, las residencias de ancianos privadas detectan mayor demanda durante el periodo estival, y sin intención de juzgar o cuestionar la decisión tomada por los familiares, debemos aceptar que nuestra sociedad prioriza y antepone los valores materiales a  los personales.

En el día a día de nuestro trabajo nos encontramos con todo tipo de situaciones, familias que disfrutan de unos días de descanso y delegan por tanto los cuidados de sus mayores a profesionales, o familias que sacrifican sus momentos de ocio y siguen haciendose cargo de los abuelos, o familias (afortunadamente en minoría) que eluden esa responsabilidad durante todo el año.

 

En cualquier caso,  hay que reconocer que el ritmo de vida de la sociedad que nos ha tocado vivir complica la conciliacion  familiar con el cuidado y atención de sus mayores.

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